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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Nuestra gente. A vista de mujer XII. Olivina Hernández, testigo de los orígenes de Radazul 28-06-2010
El Rosario vuelve a ser nuestro punto de encuentro esta semana. En la costa de este municipio Olivina Hernández Rodríguez nos devuelve a aquel Radazul desierto que ella conoció y, como fiel testigo de sus orígenes, nos explica su contribución al proceso de evolución y crecimiento que ha conllevado a la imagen actual de la costa de El Rosario.
En el seno de una familia trabajadora del municipio norteño de Puerto de la Cruz, Olivina Hernández ve su primera luz en junio de 1929. Cuando apenas cumplía sus primeros años de vida, la familia desplaza su residencia a la capital tinerfeña, lugar donde se desarrolla su infancia y adolescencia, hasta que hace 30 años se instala en El Rosario. “En Santa Cruz jugué, crecí y estudié” comenta Olivina, quien rememora aquella capital mal comunicada con el sur y el norte de la Isla, porque “para llegar al sur teníamos que ir por la carretera vieja, no había más que aquella carretera en mal estado”, añade.
Macario Benítez
Nuestra fuente oral de hoy, tras su larga estancia en Santa Cruz, se desplaza hace poco más de treinta años a la costa de El Rosario. Olivina recuerda que cuando llegó a Radazul no había más que unas pocas casas y muchos “terrenos desiertos” que poco a poco ella misma fue ofreciendo a varios empresarios. “El alcalde de El Rosario, Macario Benítez, me llamó para que ayudase a vender todo aquello. Me pedía que vendiese esos terrenos para urbanizar una Radazul que estaba abandonada”, comenta.
Olivina llegó a Radazul y desde una pequeña oficina se convirtió en jefa de ventas de todo lo que hoy es ese barrio costero de Tenerife. Nos asegura Olivina que nunca estudió nada relacionado con el trabajo de comercial, valiéndose de su forma de ser para conseguir vender los terrenos. “Me casé cuando era una niña y solo estudié hasta cuarto año de Bachillerato. Me moví mucho para vender, con mi carácter y mi capacidad para convencer, lo logré”, explica. Así, nuestra protagonista retrocede en el tiempo y se acuerda de la difícil conexión que existía entre Radazul y el Ayuntamiento del municipio. “La carretera actual no existía y el Alcalde venía en ocasiones por aquí. Recuerdo que iba a la oficina y me hablaba de lo importante que era para el municipio reorganizar Radazul y urbanizar esta zona que estaba abandonada”.
Cuando conversamos sobre los precios de venta de los terrenos, lógicamente el cambio peseta-euro nos asombra. Olivina afirma que no recuerda exactamente la cifra de venta. Así y todo, “las personas que adquirieron gran parte de los terrenos eran de Valencia y recuerdo que los chalet grandes rondaban los 20 millones de pesetas y 12 costaban los pequeños”, asegura.
Iglesia de San Pablo
Nuestra protagonista contribuyó así al crecimiento y la expansión del entorno costero de El Rosario, siendo reconocido su trabajo por todos los vecinos del municipio, entre ellos el propio alcalde, Macario Benítez. Uno de los grandes edificios que en la actualidad lucen en Radazul es el Club Náutico. En su nacimiento también influyó Olivina, quien con su ingenio consiguió varios accionistas para levantar la institución. “El Club tiene cerca de 30 años. Aprovechaba cuando se vendía un chalet para vender una acción y así se fue construyendo”, explica.
Igualmente, Olivina aportó su granito de arena para levantar la que luego fue la Iglesia de San Pablo. Recuerda las muchas conversaciones que mantuvo con el dueño de los terrenos donde se encuentra hoy la Iglesia, para que finalmente les donara los mismos y allí se construyera el templo. Nuestra protagonista contribuyó de tal forma en el nacer de la actual iglesia ubicada en Radazul, que la parroquia recibió el nombre debido a su persona. “Cuando se terminó de construir la Iglesia, el cura insistió en que tenía que llevar mi nombre. Todos me conocen como Olivina pero verdaderamente me llamo Pabla Oliva, y por ello el sacerdote decidió que la iglesia debía llamarse Iglesia de San Pablo”. Hoy, nuestra fuente oral sólo piensa en una cosa: “Vivir junto a la mayor riqueza de mi vida, mi familia”, concluye. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA.
Olivina Hernández (1929). FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ / WWW.CANARYINFOWEB.COM / DA  |
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