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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
A vista de mujer (V). Celia Hernández, la turronera de Tacoronte 31-03-2009
En nuestro andar por las memorias del ayer de las mujeres de Tenerife, “A vista de mujer” llega al municipio de Tacoronte. Un pago del norte tinerfeño con enorme tradición turronera. Hablar de los turrones artesanales de Tacoronte es hablar de “Santa Rosa”, fábrica centenaria fundada por los abuelos de nuestra protagonista y que ha ido avanzando generación tras generación. Celia Hernández ha dedicado toda una vida al oficio turronero del que conoce los más profundos intríngulis y al que aún dedica horas ayudando a su hijo, Pablo Javier.
Celia Hernández nace un diciembre de 1932 en la calle Waque del antiguo Tacoronte. Celia es la tercera generación de “Turrones Santa Rosa”, fábrica en la que nos asegura que ha aprendido todo lo que sabe sobre turrones y la vida. “Desde muy niña ayudaba a mis padres en la fábrica. Por ese entonces me dedicaba a poner las almendras a los turrones y poco a poco fui aprendiendo todo del oficio”, nos comenta con nostalgia Celia.
La escuela de antes
Nuestra fuente oral se crió bajo las enseñanzas de sus padres en un Tacoronte que ella recuerda muy diferente a la realidad actual del municipio. “Tacoronte antes era un pueblo de casas pequeñas, ahora es una capital que ha ido creciendo alrededor de muchas edificaciones”, explica.
Aunque ella misma nos narra que desde niña ha estado involucrada al oficio familiar, Celia nos asegura que su infancia también la dedicó a formarse en la escuela. “Fui a la escuela hasta los 15 años, después me casé y, con mi marido, nos dedicamos de lleno a los turrones”, apunta nuestra protagonista. Celia rescata desde su memoria el ayer de aquellas escuelas rurales que se ubicaban “en casa de la maestra”. Esta tacorontera asistió a la escuela de doña Braulia, en las cercanías de su casa, y lo hacía junto a otros pequeños de aquel viejo Tacoronte. “Teníamos que llevar un cajoncito para sentarnos, la cartilla, un pizarrín y una pizarrita más chiquita. Con todo eso bajo el brazo íbamos a la escuela”, sonríe Celia al rememorar aquel acontecer de su infancia.
De forma artesanal
Tras una infancia entre escuela y turrones, Celia Hernández conoce a su Silvestre Rosa, un auténtico maestro artesanal turronero con el que contrae matrimonio. “Mi marido era primo hermano mío y también aprendió el oficio de la fábrica desde pequeño”, comenta Celia, quien nos asegura que no dudaron en continuar con la tradición turronera de “Santa Rosa”. En 1958 Celia y su marido se quedan al mando de esta centenaria fábrica, continuando la tercera generación de un oficio artesanal cuyo producto señero ha sido siempre el típico turrón redondo.
Aunque nuestra fuente oral reconoce que la mayor parte del trabajo turronero es artesanal, nos asegura que se ayudan para la fabricación de la pasta de “unas máquinas que tienen más de 100 años”, apunta Celia, quien nos explica el quehacer turronero.
“Seis horas nos lleva la preparación de la pasta de azúcar, miel y almendras que se deja en reposo una horita. Después dedicamos más de cuatro horas a rellenar una a una todas las galletas y a empaquetar”. De esta forma, Celia nos detalla un día de trabajo en el que suelen preparar 500 paquetes de esos turrones que siguen siendo la estrella de muchas fiestas de pueblo.
En la búsqueda de diferencias entre el ayer y el hoy del oficio, la turronera de Tacoronte no duda en señalar los precios. “Con mi madre vendíamos dos turrones a un real, después el paquete de diez turrones pasó a costar 30 pesetas, y hoy seis turrones cuestan dos euros y medio”, comenta Celia, quien nos explica que la subida de precios, se debe lógicamente al encarecimiento de la materia prima.
En la actualidad, “Turrones Santa Rosa” está bajo el mando de Pablo Javier, uno de los cinco hijos de Celia, y cuarta generación de una familia turronera. Pablo, con quien también conversamos, nos asegura que cada vez es más complicado continuar con el oficio y que se debería prestar más atención a una tradición que, gracias al esfuerzo de sus antepasados, se ha mantenido viva más de cien años.
Nosotros decimos adiós a Celia, quien se queda ayudando a su hijo en la fábrica de su vida, “Santa Rosa”, y nos dirigimos hacia Aguagarcía, barrio tacorontero desde donde les emplazamos hasta el próximo lunes. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
En todas las fiestas
“Turrones Santa Rosa” participaba y participa en todas las fiestas municipales. Candelaria, Santa Cruz, La Laguna, El Sauzal, Santa Úrsula, La Orotava, Los Realejos… son algunas de las zonas hasta las que esta fábrica sigue desplazando su puesto de venta. Celia nos rememora el ayer de aquellas fiestas a las que acudía caminando y arrastrando el carrito de madera. “Hoy es diferente. Salíamos temprano de Tacoronte y llegábamos muy tarde, en ocasiones hacíamos noche dentro del carro, durmiendo bajo el mostrador”. ¡Qué tiempos aquellos!
Celia Hernández (1932), junto a una de las máquinas de “Turrones Santa Rosa” que cuentan con más de 100 años de historia. FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ / CANARYINFOWEB  |
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