| |
EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
A vista de mujer (VII). Miguelina Rodríguez, la molinera de “El Calvario” tacorontero 13-04-2009
El andar por el “Tenerife de ayer” continúa sus pasos por el municipio de Tacoronte, emplazándonos en esta ocasión en el barrio de “El Calvario”. Allí, nos adentramos en el oficio de molinera de nuestra protagonista, Miguelina Rodríguez Pérez, quien rememora los más de 30 años dedicados al “Molino de El Calvario” y el quehacer diario entre millo y trigo.
Nacida en el barrio teguestero de El Socorro en septiembre de 1937, Miguelina Rodríguez llega a Tacoronte hace más de cuarenta años, tras casarse con su marido. Así, nuestra protagonista nos asegura que se siente una tacorontera más: “Nací en Tegueste y no olvido los años de infancia que allí viví, pero llevo toda una vida aquí y también me siento una tacorontera más”, apunta Miguelina, quien recuerda aquel pueblo tacorontero lleno de campos cultivados y pocas casas.
Nuestra fuente oral nace en el seno de una familia numerosa en la que todos debían ayudar en las tareas de la tierra. “Mi madre enfermó muy joven y, al igual que mis hermanos, tuve que trabajar desde pequeña”, comenta Miguelina, quien recuerda el trabajo en las tierras teguesteras donde se cultivaba desde caña dulce, hasta algodón, tomates, habichuelas, papas...
Aunque Miguelina asegura que en ocasiones la cosecha iba directamente para el consumo de la familia, sí recuerda que había algunos productos que se vendían bastante bien y que ayudaban a salir adelante. “Las papas casi nunca las vendíamos porque las consumíamos en casa, pero recuerdo que una vez el kilo de tomate se puso a 4.50 pesetas y, en aquel entonces, era carísimo”, rememora Miguelina aquellos tiempos en los que los gangocheros visitaban diariamente las tierras en busca de mercancía para vender en el mercado.
: Artesanal
Miguelina Rodríguez llega a Tacoronte con 26 años, tras contraer matrimonio, y su vida continúa relacionada con el mundo de la agricultura. Así, nuestra fuente oral dedica sus primeros años en el pueblo tacorontero a ayudar a su marido en el trabajo de la viña y las papas, hasta que deciden encargarse del Molino de El Calvario. “No recuerdo en que año comenzamos, pero sí que estuvimos más de treinta años moliendo y tostando gofio”, aclara.
Y con la experiencia adquirida, Miguelina rescata de sus memorias el día a día del oficio de molinera, que comenzaba después del mediodía y se alargaba hasta entrada la madrugada. “Algunos clientes venían con el saquito de millo o de trigo, y ellos mismos lo pasaban por la tostadora y después lo molían. Otros nos compraban el millo o el trigo, y nosotros hacíamos todo”. Esta molinera de Tacoronte nos segura que el trabajo era todo artesanal, “la tostadora y el molino eran artesanales, son piezas antiquísimas, de museo”, añade.
Nuestra protagonista nos afirma que en un día de trabajo podía moler entre 200 y 300 kilos entre trigo, millo y millo del país. “Hacíamos tres tipos de gofio, no recuerdo el precio exacto de cada uno, pero el más caro era el de millo del país, cosechado aquí en Tacoronte y de más calidad”, nos apunta. “Y con la entrada de los grandes comercios fue descendiendo, pues muchas de las pequeñas ventitas que nos compraban fueron cerrando”.
Actualmente, Miguelina observa desde su Tacoronte como el tiempo ha ido cambiando la forma de vida, apenándose al ver todas las tierras que hay sin cultivar y como el trabajo de los molinos va decayendo. No obstante, Miguelina continúa su vida junto a su familia, compartiendo el descanso con la práctica de aficiones como la pintura y la poesía.
Miguelina Rodríguez nos despide con el recitado de una bonita poesía que explica el oficio molinero al que dedicó su vida, y nos guía hacia la costa tacorontera de El Pris, zona de tradición pesquera, a la que el próximo lunes nos acercará Pilar González. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
“El chan chan de mi molino”
Y Miguelina nos deleita con una de sus poesías que dedica al mundo del molino y su profesión de molinera: “Al cha chan de mi molino/ le doy a la cernidera/ las granzas que van cayendo/ por el suelo juguetean./ Al chan chan gira el volante/ al chan chan gira la piedra/ que así girando tritura/ los granos que da la tierra./ Un blanco saco lo espera/ oliendo a recién planchado/ a ese gofio blanco perla/ que en la era fue dorado./ Manjar que un día los guanches/ por herencia nos dejaron/ y hoy, a través de los siglos/ con orgullo conservamos./ No te avergüences canario/ comámoslo con honor/ que nuestros padres dejaron/ a sus hijos, lo mejor”. ¡Aquel oficio de la molienda!
Miguelina Rodríguez (1937) es una de aquellas molineras de “El Calvario” de Tacoronte. FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ / CANARYINFOWEB  |
|
|
|