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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Tenerife de ayer.A vista de mujer (IX). Argelia Rodríguez y aquellas lecheras de Ravelo (El Sauzal) 27-04-2009
Este lunes abandonamos Tacoronte y nos adentramos en El Sauzal, donde rescatamos las vivencias de una de nuestras tradicionales lecheras, Argelia Rodríguez, quien nos recibe en el siempre verde Ravelo.
Esta sauzalera nace en el Camino Real Orotava (1919), Las Casas del Lomo, un pago que nada tiene que ver con el Ravelo que hoy conocemos. A punto de cumplir sus grandes y gloriosos 90 años, Argelia se remonta a aquellos primeros años de su niñez donde “Ravelo era un pago pobre, y lleno de miserias. Unos andábamos descalzos o los que tenían más suerte con unas lonitas en los pies, porque no había otra cosa”. Nuestra fuente oral arranca esta entrevista recordando que este verde rincón de El Sauzal a pesar de “estar repleto de fincas y producir la tierra grandes cantidades de verdura, se pasaba hambre, porque lo que la tierra daba había que cambiarlo por otras cosas que se necesitaban también en la casa”, recuerda.
Argelia crece entre la cría de ganado y el cuidado de las fincas. “Mi padre, Ildefonso, se dedicaba a cuidar y matar ganado. Criaba una cabra o un cochino, lo mataba y lo vendía por piezas”, nos apunta. “Y mi madre se encargaba de las labores de la casa, que ya era bastante, aunque también ayudaba en el cuidado de las fincas, como hacíamos todos. Antes la mujer hacía de todo”.
Sin embargo, esta entrega de Argelia desde muy temprana edad a colaborar en el quehacer diario en la casa o en el trabajo en la finca, no la alejaron de la escuela. “Fui a la escuela que estaba en la plaza de La Matanza –pueblo lindante con el pago de Ravelo-. Mi maestra era doña Concha, que ya cuando me dio clases a mí era una viejita. Fui a aprender las cuatro reglas hasta los 13 ó 14 años”.
De La Resbalada a Tacoronte
Pasada esta corta etapa en la que Argelia contó con la fortuna de poder acudir a la escuela, “no me queda otra que comenzar a trabajar, porque había que traer dinero a casa”, nos dice. “Y es cuando me meto a lechera. Salía todas las mañanitas a las ocho desde La Resbalada en La Matanza hasta Tacoronte. Recogíamos la leche en La Resbalada y la íbamos a vender a las casas en Tacoronte”, recuerda.
Y así salían las lecheras de Ravelo todos los días desde La Resbalada con la leche cargada a la cabeza. “Llevábamos una cesta de mimbre a la cabeza con varios cazos de leche dentro y a caminar con nuestras lonas puestas hasta Tacoronte”. Como Argelia nos asegura, “se trataba de hacer malabarismos, porque llevábamos mucho peso a la cabeza, unos cuantos litros, y había que hacer por que no se nos cayera ni una gota de leche sola. Y había que bajar por caminos de tierra y piedras por Las Cruces de Leandro, lloviera o hiciera sol”.
Las lecheras transportaban la leche hasta Tacoronte, “y parte de ella la vendíamos en las casas, pero también venía de Santa Cruz un señor que le decía Machado, que la compraba y se la llevaba en un camión para venderla en la capital”, nos aclara Argelia. “Se vendía a un real el litro. Yo tenía mis clientes fijos: Antonio Ripie, don Ernesto, don José Luis…”.
Así, tras el trabajo de la mañana, llegaba en torno a las doce del mediodía la hora de regresar a Ravelo las lecheras. “Y volvíamos caminando para arriba. Cuando empezábamos a subir por La Cruz de Leandro, limpiábamos los cazos en un chorro que había allí, para que cuando subiéramos hasta La Matanza ya estuvieran listos para el día siguiente. Así, un día tras otro. Vivíamos para trabajar, no había tiempo de pensar en otras cosas”, aclara.
Sin embargo, algo que no olvida Argelia era el compañerismo y la alegría que existía entre las otras lecheras y ella. “Éramos unas cinco lecheras las que bajábamos todos los días. Una que se llamaba Argelia como yo, otra Felisa, Isabel, Guillerma y Flora”.
De esta forma, Argelia vive aún en “mis bonitos recuerdos de los tiempos de lechera. A los 18 años me casé y ya me quedé en mi casa, en las cosas de casa, como se hacía antes”, apostilla. Y hoy todavía esta sauzalera rememora aquellos días donde bajaba con su cesta a la cabeza hasta Tacoronte para ganar un real por el litro de leche. “Y mire la vida era dura, pero vivíamos y éramos felices”, nos aclara.
Argelia continúa en Ravelo rememorando aquellos días de lechera, y nosotros hoy la dejamos, pero prometemos volver el próximo lunes a Ravelo, El Sauzal, donde otra sauzalera nos traerá sus vivencias pasadas “A vista de mujer”. Les esperamos. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
Los cazos por los suelos
Y dentro de todo oficio, normalmente hay miles de anécdotas que recordar. Argelia también tiene las suyas. Una de las que nos destaca, porque casi le cuesta el perder hasta la última gota de leche, fue el día que bajando por La Cruz de Leandro, “no me fije en una piedra que tenía delante, le di con la punta el pie, y se me vino al suelo la cesta con todos los cazos y hasta una botella de leche de litro que llevaba”. Sin embargo, la fortuna no siempre está en nuestra contra. “Y ese día tuve mucha suerte, porque no perdí casi ni una gota de leche. No se me rompió ni la botella de cristal”. ¡Qué tiempos aquellos!
Argelia Rodríguez (1919) recorrió muchos rincones de Ravelo y El Sauzal con los cazos de leche a la cabeza. FOTO: J. TRINO GARRIGA PARA CANARYINFOWEB  |
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