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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Tenerife de ayer. A vista de mujer (X). Araceli Domínguez, la panadera de Ravelo (El Sauzal) 05-05-2009
El verdor de Ravelo y la tradición que se palpa entre sus gentes, nos traen hasta aquí una semana más. Con “A vista de mujer”, y en la compañía de una de esas legendarias panaderas de este pago ubicado en El Sauzal, nos adentramos nuevamente en el “Tenerife de Ayer”.
Así, este lunes nos acercamos a Ravelo, El Sauzal, de la mano de Araceli Domínguez, quien no olvida “la dureza de aquellos años donde lo único que existía era trabajo y más trabajo”.
Araceli Domínguez Domínguez (1936) nace en Camino San Cristóbal, calle El Pozo, en los adentros de Ravelo (El Sauzal). La vida de Araceli estuvo siempre presidida por los momentos duros a los que hubo de enfrentarse en ella. De esta forma, a los siete años “me quedé huérfana de padre y a los siete meses falleció también mamá. Éramos tres y nos crió mi abuela. Una vida difícil”, nos apunta. “Nos crió mi abuela María. Éramos tres, pero a los pocos meses murió también mi hermana”. Años complicados aquellos para una España de posguerra que quería abandonar los tiempos de oscuridad.
A pesar de la dureza de su infancia, Araceli pudo acudir a la escuela pública que estaba en “Lomo Piedra” y “allí nos enseñaba las cuatro reglas doña Victoria”, recuerda. Hasta los 12 años acudió a sus “clases públicas”, compartiéndolas con “las tareas que hacía en la huerta donde plantaba millo, papas y lo que nos mandaban. Trabajaba desde tan pequeña en las tierras de Ángel Izquierdo, en las de Ávila, Ernesto Castro… Y se iba a la tierra casi por un plato de comida. Era dura la vida”, sentencia Araceli.
Con 16 años comienza Araceli a trabajar en “una panadería de unos parientes por parte de mi abuela María, la Panadería de Francisco Goya. Y fue así, como era antes”, comenta, “mi abuela habló con ellos para que me diesen trabajo para vender pan y dejar el frío de la tierra en la que estaba tirada todo el día, plantando o recogiendo”. Así, llega esta sauzalera al mundo de la panadería “y le ganaba 15 céntimos a cada pan que vendía. El pan grande costaba un real. Imagínese lo que podía ganar yo al día”, explica. “Para ganar peseta y media tenía que vender 10 panes”.
“La libreta fiados”
De esta forma, Araceli con su saca de pan, lloviera o brillara el sol, desde “la fresca” iba “por todo Ravelo, primero hasta La Fuente y luego hasta Las Baboseras, La Vica y La Matanza. Y así me echaba a caminar con una cesta pequeña a la cabeza y cuando hacía viento al hombro en un saco de esos de harina”. Y como era norma en aquellos tiempos, “trabajé hasta los 24 años, me case y a partir de ahí me dediqué a las cosas de casa”
Años aquellos donde la mayoría del tiempo era trabajo, “porque momentos de diversión había pocos”, nos asegura. “No teníamos cine. Había que ir al de Agua García y eso cuando éramos jovencitas”. Sin embargo, los niños son niños en cualquier lugar y el juego siempre ocupa un lugar en la vida de los pequeños. “Jugábamos a una cosa que le decíamos Guerra, y al Tejo, a los Boliches. Pero eso era bien entrada la tarde, porque se trabajaba todos los días. En esos ratitos jugábamos mis amigas, Fena, Liberia, Antonia, Eulalia y yo. En Ravelo no había más de 20 casas, éramos pocos”.
“La gente dependía casi toda del trabajo del monte. Y la semana que estaba lloviendo, porque aquí siempre ha habido mucho invierno, esa semana no tenían dinero y se apuntaba en la libreta de los fiados, porque la gente no podía pagar hasta que subía a trabajar al monte. Pagábamos como podíamos, porque había poco dinero. Pero así y todo, la gente pagaba”, de esta manera se remonta Araceli a aquellos años en los que “se llevaba poco en el bolsillo”.
Y hoy se despide de nosotros Araceli, con una alegre sonrisa en sus labios, y nos asegura que seguirá recordando aquellos tiempos, porque “eran duros, pero existía algo muy bonito y era que nos ayudábamos como pudiéramos”, comenta. Sí, nos marchamos de Ravelo, pero será hasta el próximo lunes donde regresaremos “A vista de mujer” a este bello rincón de El Sauzal. Les esperamos. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
Jugar al Tejo
En esos pocos “ratitos” con los que se contaba para jugar, Araceli nos recuerda que su juego preferido era el Tejo. “Se trataba de saltar a la pata coja sobre unas cuadrículas con números que hacíamos. Se tiraba un tejo que hacíamos de una teja, se iba saltando a cada cuadrícula y ganaba el primero que llegase a la caldera. Nos divertíamos como podíamos, porque no había otra cosa”. ¡Qué tiempos aquellos!
Araceli Domínguez (1936) recorría Ravelo y parte de La Matanza con su saca de pan al hombro. FOTO: J. TRINO GARRIGA / CANARYINFOWEB  |
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