| |
EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Tenerife de ayer. A vista de mujer (XV). Josefina Ascanio y aquella Matanza de la posguerra 08-06-2009
En tierras matanceras continuamos una semana más conociendo, “A vista de mujer”, el ayer de nuestra isla. Las semblanzas y recuerdos de Josefina Ascanio nos adentran este lunes en La Matanza de la posguerra, donde “todo era muy diferente”.
Josefina Ascanio Santana nace en marzo de 1931 en la villa grancanaria de Santa Brígida, pago donde reside hasta los 13 años. En el tránsito entre niñez y juventud, nuestra protagonista llega a Tenerife, afincándose en el municipio matancero que “tan bien me acogió”. Josefina creció entre el oficio de panadero que su hermano mayor desarrolló en tierras vecinas y que posteriormente le llevó al norte tinerfeño. “Mi hermano se casó con una matancera, puso la panadería aquí y a los pocos años me vine yo a ayudarlo”, comenta Josefina.
La “Panadería de José Ascanio”
Con apenas 13 años, nuestra fuente oral se instala en La Matanza junto a algunos de sus familiares y comienza a emplearse en la panadería que su hermano, José Ascanio, regentaba. “Entre las tareas de casa y el reparto del pan transcurrían mis días”, apunta.
Josefina guarda especial recuerdo de la recogida de agua en los chorros que había cerca de donde está hoy la Iglesia: “El agua venía por una tarjea desde La Orotava. Empecé cargando unos cubitos y con los años llegué a cargarme barriles de 25 litros. Había que coger agua para al casa y la panadería”, añade.
Así, nuestra protagonista echa la vista atrás y nos define el día a día en la panadería como una tarea muy dura. “A las cuatro de la mañana comenzaba el día y no terminaba hasta bien entrada la noche. Entre las tareas en casa, ayudando a mi cuñada en el cuidado del niño, y las labores de reparto del pan, no paraba”, asegura Josefina.
El reparto del pan, según nos afirma esta matancera, se realizaba desde la propia venta. “Por ese entonces todo funcionaba por el racionamiento, la gente se acercaba con la cartilla a buscar la ración de pan que le tocaba”, subraya Josefina, quien recuerda que mucha gente venía los domingos y se llevaba el pan de toda la semana. “El sábado se trabajaba todo el día, no dormíamos, había que preparar todo el pan para el día siguiente”, añade.
Costurera
Entrada la década de los 50, Josefina Ascanio se casa. De su boda, nuestra protagonista recuerda que hizo un pequeño brindis. “Las bodas de hoy no tienen nada que ver con las de antes. Yo lo celebré con unos dulcitos y un pequeño brindis, algo sencillito”, comenta Josefina, quien destaca que “había quien guisaba un caldero de papas y pescado para celebrarlo con los más cercanos”.
Poco después de contraer matrimonio, su cuñada abrió una pequeña tienda de ropa y Josefina comenzó a dedicarse a la confección de ropa para vender. Una labor que nuestra fuente oral aprendió gracias a varias costureras de la zona y con la que sacaba algo para la familia. “Los pantalones costaban 10 pesetas, las camisas las vendía a dos o tres pesetas, menos las de vestir que valían 10”, recuerda Josefina.
Así, Josefina dedicaba el poco tiempo libre que le quedaba entre el trabajo de la casa y la panadería a un oficio de la costura que nos define como muy costoso y laborioso. “La maquinaria que existe hoy, antes no la teníamos. Todo era a mano y ratito a ratito iba haciendo las cosas. Necesitaba varios días para acabar una prenda”.
Hoy, Josefina Ascanio Santana disfruta de la vida junto a sus familiares y amigos, participando en todas las actividades del centro de mayores de La Matanza. Nuestra fuente oral descansa de una vida entregada al trabajo y observa cómo aquella panadería ha evolucionado en el oficio de su hermano, y que, en manos de su sobrino, continúa adelante. “Tenerife de Ayer” les emplaza hasta el próximo lunes, fecha en la que volveremos a La Matanza para conocer la vista del ayer de otra mujer de este pago norteño. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
Levadura criolla
Josefina Ascanio reconoce que no recuerda exactamente la receta del pan que tantos años elaboró con su hermano y su marido. Aunque nuestra protagonista nos comenta que nunca puso mucha atención a lo que llevaba el pan, pero sí recuerda aquella levadura que empleaban. “Hacíamos levadura criolla, que consistía en dejar un pan sin cocinar durante todo el día y de ahí se sacaba la levadura para otros amasijos”.
Josefina Ascanio (1931) vivió desde dentro La Matanza de la posguerra. FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ / CANARYINFOWEB.  |
|
|
|