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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Tenerife de ayer. A vista de mujer XVIII. Juana García continúa con la tradición del calado en La Victoria 29-06-2009
Las labores de siempre nos hacen regresar al pasado. El calado podemos atrevernos a asegurar que sigue siendo una de las tradiciones vivas de La Victoria. “Tenerife de ayer” ha contado con la fortuna de entrevistar a una de esas pocas caladoras que todavía hoy quedan en la Isla, Juana María Gutiérrez.
Nace en La Victoria, Juana María García Gutiérrez, justo en la calle La Traviesa, un 28 de junio de 1928. Era la mayor de siete hermanos. Como la mayoría de los canarios de aquellas primeras décadas del siglo XX, aprenden a vivir con las necesidades de la época y “a trabajar desde chica pa’ traer el pan a casa”, nos afirma Juana con un halo de tristeza por el pasado vivido. “Y fue así con tan sólo 11 añitos como mis padres, José Víctor y María, me enseñaron a hacer las tareas de la casa”. Su padre convive con una enfermedad que le imposibilita el trabajar y es su madre, María, quien se ha de encargar de sacar a esta familia adelante. “Mi madre se iba al monte con mis seis hermanos y recogían la leña para después poder venderla”, mientras Juana cocinaba, cuidaba de su padre y se encargaba de los quehaceres del hogar. “Nunca pude ir a la escuela, en cambio mis hermanos sí que aprendieron algo”.
María Pérez, su madre, fue una conocida caladora de La Victoria. “Cuando mamá terminaba de vender la leña, se reunía con las vecinas por la noche y pernoctaban haciendo labores de hilo”, recuerda. “Yo nunca pude ir con ella a calar porque alguien tenía que quedarse en casa. Mi madre tampoco me pudo enseñar, aunque a ella la enseñó mi abuela”.
El deshilado
La artesanía conformó parte de la entrada de ingresos para la economía familiar de la Isla. Quién no recuerda “el secado de jareas en la azotea pa’ ganarse unas perritas. O el hacer dulces pa’ la casa de la señora y te daban tres perras por ello”, nos confirma Juana. El calado fue, sin duda, una gran fórmula de ingresos para las familias de los diferentes pagos de Tenerife. Eran muchas las mujeres que conseguían un sobreingreso para llevar unas pesetas a su casa. Así, el calado, entre sábanas, y camisas o camisolas caladas, han llegado a ser el producto más conocido de la artesanía de Tenerife, y La Victoria es gran ejemplo de ello. El calado, complejamente, consiste en un minucioso bordado realizado mediante la técnica del deshilado y que se trabaja usando aguja, hilo y un bastidor de madera. El resultado son manteles, pañuelos, caminos de mesa y otras delicadas piezas cuya esmerada y cuidada elaboración hoy permiten su exportación a distintos puntos de Europa y América. Sin duda, en los días de Juana María y su madre, María, esto no sucedía. “En aquellos días por un calado se pagaba muy poco y a mujeres como mi madre le costaban muchas noches de luz y vista, pero a cambio poco dinero cuando finalizabas el trabajo”, anota.
La forma de elaborar el calado comienza con el corte y marcado de la tela, que suele ser de lino puro o ramio. Seguidamente se procede a sacar las hebras y a colocar la tela en el bastidor, de manera que quede tensa para, después, ir atando las hebras sueltas y llenar los espacios vacíos que adornarán la tela, empleando infinidad de dibujos geométricos. Los calados son obra, mayoritariamente, de expertas artesanas de todo el mancomunado o del municipio de La Victoria que siguen abriéndose a formar a las más pequeñas en esta artesanía de la que se pretende lograr una escuela de jóvenes o jovencitas para no perder la tradición.
Doña Mica
Así y todo Juana insiste en recordar el “Tenerife de ayer” para que sirva de ejemplo. En los años treinta la hambruna apremiaba en La Victoria. “No teníamos calles, sólo caminos, pero mi madre nos fue sacando adelante con la venta de leña y los calados que hacía. Ella llegó a vender un mantel de mesa por unas 2.000 pesetas que era dinero pa’ aquella época”, comenta. “Era dinero, pero llegaba pocas veces, porque un mantel de ese tamaño se tardaba casi una año en hacer”.
Finalmente, en la década de los ochenta, Juana ingresa en la Sociedad de la Tercera Edad de su municipio y se reencuentra con las mañas artesanales de su madre, el calado. “Mi maestra ha sido doña Mica que me ha enseñado el calado sencillo y así me dedico a ello hoy”. Y Juana sigue con el calado en La Victoria. “Tenerife de ayer” también seguirá el próximo lunes en La Victoria, aquí les esperamos. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
El ajuar
Juana, aunque hija de caladora, no contó con ningún calado en su ajuar. Como hemos dicho, “eran días difíciles y todo el calado que se hacía, paños, manteles y demás eran pa’ traer dinero pa’ casa”. Juana, con 21 años, se casa con Fidel Gutiérrez en la Iglesia La Encarnación en 1949. “Fue una boda divina, no tuvimos ni fiesta ni nada, pero el amor nos podía. Los tiempos eran otros. De la iglesia nos fuimos a casa porque no tenía ni pa’ pagarme la celebración”, nos relata Juana. “Y había que seguir trabajando porque la vida seguía. Nos casamos y pa’ casa. Qué le parece. Había trabajo que hacer”.
Juana García (1928), junto a una de sus obras artesanales, ese calado del “Tenerife de ayer”. FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ/CANARYINFOWEB  |
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