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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Tenerife de ayer. A vista de mujer XX. María Candelaria Ravelo, de La Victoria al Sur para la zafra 20-07-2009
Y continuamos nuestro andar por las calles de La Victoria junto a aquellas mujeres del ayer de nuestra Isla. Nos recibe esta semana, María Candelaria Ravelo, vecina de este municipio norteño que, con sus semblanzas, nos remonta a las grandes fincas de tomates que existían en el sur de Tenerife y que “tanto trabajo dieron en tiempos de zafra a la gente del norte”.
María Candelaria Ravelo Afonso nace en agosto de 1932 en un pequeño pago del norte de Tenerife, “un pueblito con poquitas casa, calles de piedra, caminos de tierra y una gran unión entre vecinos”, nos explica esta victoriera para la que aquel pueblecito que conoció de niña es muy diferente al que hoy vemos en nuestro recorrido por el municipio de La Victoria. “Todos nos conocíamos y nos ayudábamos, era una gran familia de vecinos”. María encuentra en esto la gran diferencia entre el ayer y el hoy de su pueblo.
Escuela doña María
Nuestra fuente oral de hoy habla de “trabajo y más trabajo” cuando nos interesamos por el transcurrir de su infancia. Aclara María que nació en una familia numerosa, lo que obligaba a los hermanos mayores a cuidar de los más pequeños. Así, María asegura que compaginó sus años de escuela con las tareas del hogar y el cuidado de sus hermanos. “En la escuela de doña María aprendí lo básico. Antes no se estudiaba para tener una carrera, sino para poder defenderse en las relaciones con vecinos y en la vida”, apunta.
Cumplidos los doce años, el trabajo de su madre obligó a nuestra protagonista a centrarse exclusivamente en los oficios de casa. Recuerda María que su madre se recorría la Isla comprando y vendiendo higos, “mientras, yo me ocupaba del cuidado de mis hermanos y de mantener la casa”, a lo que añade que “entre todos teníamos que salir adelante”.
De aquel trabajo en casa, nuestra protagonista resalta la dureza que suponía cualquier tarea, rememorando con especial ahínco las travesías en busca del agua. “Hacía falta agua para todo, para lavar, hacer de comer, regar las plantitas…”, comenta, y evoca “aquellos caminos llenos de personas cargadas con barriles de 60 litros a la cabeza o en bestias. Éramos pequeñas, pero teníamos mucha fuerza”, añade.
Trabajar para Teófilo Bello
Esta victoriera se casa y con 23 años se marcha al sur de la Isla junto a su familia. Se desplazan a Las Galletas por la zafra del tomate, su marido encuentra trabajo en las plataneras y allí se instalan. “La recogida del tomate era muy dura, trabajando todo el día en la recogida, el empaquetado y la carga de camiones. Incluso de madrugada, si llegaba un camión de cajas había que descargarlo”, recuerda.
María retorna a La Victoria tras casi 20 años en el sur. Queda viuda al poco de regresar y decide continuar acudiendo a la zafra en Guía de Isora en una finca que pertenecía a don Teófilo Bello. Así, nos cuenta que en aquellos días se llevaba a jóvenes victorieras a trabajar con ella. “Nos ponían una vivienda preparadita y aunque se trabajaba mucho, siempre que llegaba la época del tomate eran muchas las que querían ir”, afirma María, quien explica que “ganábamos 100 pesetas al día y era un dinero que a muchas les valía para casarse o hacer su casita”.
En la actualidad, María disfruta junto a su familia del día a día, recordando aquellos años en el sur cada vez que acude con su hijo a esa finca donde durante 17 años trabajó y de la que ahora él es encargado. “Cada vez que vuelvo a esas tierras me acuerdo del duro trabajo, pero sobretodo de los buenos momentos vividos allí”. Así, con la nostalgia de nuestra fuente oral, nos despedimos hasta el próximo lunes con otro “Tenerife de Ayer”. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
Caladora
Nacida en un municipio con gran tradición de caladoras, María Candelaria Ravelo también heredó tal arte de su madre. Aunque nos comenta que ahora realiza calados por entretenimiento, “al igual que hago croché, pintura, bordado…”. Nuestra protagonista recuerda que antes muchas mujeres encontraban su oficio en esta tarea artesana. “Mi madre le sacó unas buenas perritas a sus calados. Los representantes le daban la tela y le decían lo que querían”. ¡Qué tiempos aquellos!
María Candelaria Ravelo (1932) fue testigo de la zafra en el sur, a la que acudían muchas vecinas de La Victoria. FOTO: J. TRINO GARRIGA/CANARYINFOWEB  |
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