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EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Tenerife de ayer. A vista de mujer XXVII. Rosario Benítez, una santaursulera que emigró a Venezuela 07-09-2009
Con Rosario Benítez, vecina de Santa Úrsula, seguimos el andar por el ayer del norte tinerfeño. Ubicados en un pueblo “muy diferente al que me vio nacer”, esta santaursulera explica cómo logró salir adelante en tiempos tan duros como los que a ella le tocaron vivir, aquellos días de la emigración canaria a Venezuela y el estraperlo.
Rosario Benítez González nace en el barrio santaursulero de El Calvario en julio de 1927. Siendo la segunda mayor de sus doce hermanos y con unos padres “entregados al trabajo para salir adelante”, la infancia de Rosario se centró en cuidar a los más pequeños de su casa. “Había que ayudar en casa y además trabajaba en la finca de plataneras de Los Machado. Ganaba unas tres pesetas a la semana”, comenta nuestra fuente oral, quien añade que “cuando podía iba a la escuela, dos o tres veces en semana”.
El estraperlo
Aunque Rosario asegura que en su infancia se pasaron muy malos momentos y muchas penas, ella reconoce que “nos reíamos mucho más de lo que se ríe la gente hoy en día”. Como nos recuerda, pasaban muchas situaciones que ocasionaban la risa entre vecinas. “De jovencita me dediqué al estraperlo, se pasaban momentos de miedo huyendo de la policía, pero también de risa”, apunta.
Rosario se dedicó a la venta de estraperlo de azúcar, aceite, café, vino… por Santa Cruz y Puerto de la Cruz. “Comprábamos a los vecinos de aquí y después íbamos a vender por ahí”, explica Rosario. “A veces teníamos que tirar todo lo que comprábamos para poder correr y huir de la policía. Nunca me cogieron”.
En un pueblo donde había dos coches, nuestra protagonista apunta que los desplazamientos a Santa Cruz eran en guagua. Rosario rescata de su memoria aquella guagua que paraba en El Calvario dos veces al día y que por menos de una peseta la llevaba a la capital. “Los sacos con la mercancía los poníamos encima de la guagua y si nos cruzábamos con alguien que avisaba que la policía andaba por ahí, paraba y teníamos que tirar todo al barranco”, asegura.
Aventura en América
Tras una infancia dura dedicada al trabajo y a buscar la mejor manera de ayudar en casa para salir adelante, nuestra fuente oral de hoy se embarca hacia América. “Con 24 años me fui a Venezuela con cuatro hermanos. Allá estuve cerca de cuatro años, me casé y tuve a mi hijo mayor”, dice Rosario.
A bordo del “Satrústegui”, esta santaursulera recuerda perfectamente los trece días que duró la travesía. “El barco iba rebosado de gente. Pasé muchas fatigas y desde entonces prometí no subir más a un barco”. Así, rememora Rosario los malos momentos pasados en aquel buque que partió de Santa Cruz a comienzos de los años cincuenta.
En tierras venezolanas, Rosario se dedicó a las tareas de su casa y al cuidado de su hijo. Su marido encontró trabajo como albañil y “yo preparaba de comer para él y cuatro compañeros que siempre venían a almorzar a casa”, apunta nuestra protagonista, quien nos afirma que “en Venezuela también se pasaban penas y había que trabajar mucho para hacer un dinerito”.
De regreso a su Santa Úrsula natal, nos comenta Rosario que se hizo una casita con lo que lograron ahorrar en Venezuela. “Mi marido pudo continuar trabajando aquí y yo me dediqué al mantenimiento de la casita y mis hijos”.
Actualmente Rosario Benítez encuentra en el centro de mayores municipal la oportunidad perfecta para hacer todo aquello que su vida anterior no le permitió. Clases de baile, pintura, horas dedicadas a compartir recuerdos,… son algunas de las actividades en las que Rosario ocupa sus días. En el quehacer de una de estas ocupaciones dejamos a esta santaursulera. Nosotros volveremos al norte de Tenerife el próximo lunes, les esperamos. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
“Agarradas a un camión”
Rosario Benítez hacía estraperlo habitualmente también en Puerto de la Cruz a donde bajaba a vender vino. Nos cuenta nuestra protagonista que adquiría el vino de forma fiada en un salón dedicado a la producción del mismo. “Cargando el garrafón íbamos caminando al Puerto, para volver nos agarrábamos a los camiones cargados de fruta. Cuando paraban nos bajábamos para que no nos viesen y después volvíamos arriba”. ¡Qué días aquellos!
Rosario Benítez (1927) nos lleva a aquellos años de emigración a Venezuela. ÓSKAR GONZÁLEZ/CANARYINFOWEB  |
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