6 de septiembre de 2010    
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  EL DÍA de ayer Por Domingo J. Jorge
Nuestra gente. A vista de mujer VI. Herminia González y el ayer de Buenavista
17-05-2010

Dijo alguien una vez que volver al pasado es básico para saber cuál es la dirección de nuestro presente. Con este afán es con el que llegamos a El Palmar de Buenavista y este devenir es donde hallamos a Herminia González toda una fuente oral viva que nos lleva a los inicios del pasado siglo en el que “Buenavista era distinto al de hoy”.

A vista de doña Herminia González (1915), “A vista de mujer”, o a través de su memoria, de su almacén de recuerdos, queremos reconstruir cómo era el Buenavista de ayer. Hoy, Buenavista supera los 5.000 habitantes, en los inicios de la segunda década del pasado siglo, “no éramos más de 100 personas aquí. El Palmar no era más de 10 casas, 10 casas que trabajábamos en la tierra, que es la que nos ha dado siempre el pan de cada día”, nos apunta con esta sabiduría innata Herminia. “Yo nací en esta misma casa de El Palmar en la calle Susana. Mi padre Miguel iba a trabajar todos los días con la fresca pa’ la finca de Los Pedregales. Allí, empecé yo también cuando era todavía una chiquilla”.

Una parte de los amos

Y así, Herminia nos desgrana sus recuerdos, una Herminia que todavía a sus 95 años sigue andando en añoranzas por su Palmar. “De Los Pedregales, volvíamos todas las tardes hasta El Palmar con el trigo, las habas, la cebada, los chochos, y lo que la tierra nos daba, todo a la cabeza. La finca era de la familia Lugo de La Orotava, los amos”. La labor cotidiana del campo era dura. “Nosotros allí mismo en Los Pedregales trillábamos el trigo en una era con una vaca que tiraba del trillo. Esa misma vaca de la que luego cogíamos la leche. Antes se aprovechaba todito”, anota. “Empecé a trabajar con cuatro o cinco añitos. Yo no conocí a mi madre, porque murió siendo yo chica”.

Muchos de los vecinos de El Palmar, según nos cuenta Herminia, “iban a trabajar a Los Pedregales para los amos. Yo y mis hermanos íbamos con padre un día, al día siguiente le tocaba al otro vecino, al otro día al otro, y así iban todos un día durante la semana para poder vivir. Se vivía de lo se recogía. Una parte era para nosotros y otra para los amos”. De esta manera, Herminia nos anota otra de sus labores diarias que era “el hacer el queso”. “Se aprovechaba todo. De la vaca también hacíamos el queso. Se ponía la leche en un cubo con el cuajo y se cortaba. A la hora se pasaba a otro recipiente para calcar y calcar, se lo dejaba reposar y se sacaba del aro al día siguiente, que se ponía otra vez otro. Y de ese queso una parte era para nosotros y otra para los amos. Así siempre. La mitad siempre era del amo. Una vez en semana había que ir desde El Palmar a La Caleta para llevar la parte de los amos: fruta, higos, queso, papas, gofio, lo que había pa’ ellos”.

A la Virgen de Candelaria

La devoción a la patrona, a la Virgen de Candelaria, era “una de las pocas veces en las que salíamos más allá de El Palmar. Fueron unas cuantas veces las que nos juntábamos los vecinos para ir hasta Candelaria a ver a la Virgen y a pedirle por nosotros”. La fuerza de la fe era la que movía a los habitantes de El Palmar para ir hasta el municipio de Candelaria. “Salíamos de aquí con la mañanita y llegábamos a Candelaria llegada la tarde ya. Íbamos a cumplir con una promesa”, nos anota Herminia. “También fui alguna vez a La Laguna o Santa Cruz caminando, porque antes coches pocos y el que tenía una bestia un burro o un caballo, tenía una suerte. Los demás íbamos andando hasta donde Dios nos llevaba y las alpargatas aguantaban”, señala. “Y momento para fiesta había poco. Sólo hacíamos la fiesta de la Virgen de La Consolación, que la preparaban los párrocos, don Jaime o don Manuel”.

Herminia y las tradiciones de El Palmar se quedan en Buenavista, como la costumbre de medir el paso de las horas a través de las sombras en los riscos. Doña Herminia respira sana tradición del pasado en Buenavista, un municipio al que regresaremos la próxima semana de la mano de Victoria Acosta. Les esperamos. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA

Herminia González (1915) sonríe al futuro y recupera lo que fue el ayer de Buenavista. FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ / WWW.CANARYINFOWEB.COM / DA


 
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