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 Rafael Lutzardo* 04-03-2010
Otra oportunidad, otra vida
Aún sigo en la habitación 418 del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, pero lleno de esperanzas e ilusiones. Cuando tu vida depende de la ciencia de la medicina no tienes más remedio que ponerte al servicio de ella y colaborar al máximo con los médicos especialistas, pero dependiendo siempre de las ganas, deseos, ilusiones y causas afectivas que pueda tener la persona afectada en su lucha por querer seguir viviendo en un mundo desigual, materialista y referenciado por los poderes fácticos, motivado por las influencias de las doctrinas y religiones del mundo, donde los ricos seguirán siendo más ricos y los pobres más pobres.
Sin embargo, la vida también tiene su lado bueno, su belleza, felicidad, aunque ésta sea relativa, emociones, sentimientos y amores por todo aquello que la vida te ofrece entre sus seducciones, tentaciones, desilusiones, fracasos y éxitos. Yo, agradezco la segunda oportunidad que la vida, a través de la ciencia de la medicina, me ha dado nuevamente. Valoro y agradezco eternamente el gran trabajo, colaboración, profesionalidad y voluntad del todo el equipo médico, enfermeras, auxiliares de enfermería y celadores de la planta de Hemodinámica del Hospital Universitario Nuestra Señora la Candelaria del doctor y excelente cardiólogo, José Grillo, especialista que tuve la suerte de conocerle, tras sufrir un infarto hace catorce años y ser intervenido en el antiguo Hospital del Pino de Las Palmas de Gran Canaria.
Pero antes de seguir con el protocolo de reconocimientos y agradecimientos de los especialistas y respectivos profesionales de las distintas rama sanitarias del citado complejo hospitalario, los cuales me han tratado maravillosamente; quiero darle las gracias de por vida a una familia que en dos ocasiones me ha salvado la vida como han sido la profesional sanitaria mi querida y admirada amiga, María Melián y su marido y también gran amigo personal de mi familia, Roberto González Cabezuelo. Del mismo modo, a los doctores cardiólogos, Soriano y Carlos Dorta, profesionales que se granjearon mi simpatía, admiración y respeto al motivarme en los momentos más comprometido, especialmente cuando mi moral no obedecía a una motivación personal durante mi estancia en la habitación 418 del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria. No puedo olvidarme del doctor Antonio Trujeda y su enfermera, Pacita Díaz, responsables de realizar los estudios de eco-cardiología. También, al equipo médico de Julio Hernández que me intervinieron de una arritmia o flutter en el quirófano de la cuarta planta. No puedo olvidar el apoyo incondicional de mi familia, verdaderos pilares en mi vida y que han sabido estar en los momentos más puntuales de mi vida. Por ello, les doy las gracias han los que han estado ahí y también, los que no han estado. También, valoro la solidaridad de cientos de amigos y compañeros que se han preocupado por mi salud desde todos los puntos de Canarias y España. Tampoco quiero olvidarme la endocrina; celadores, auxiliares de enfermería, enfermeras y personal de limpieza; profesionales excelentes y que hacen una importante labor en el día a día para que los pacientes como yo podamos tener una calidad de vida digna y respetuosa.
De verdad, gracias a todos/as.
*Periodista. Jefe de Prensa CSI-CSIF. Colaborador CANARYINFO
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